La cumbre de Gran Canaria alberga una flora singular, adaptada a la altitud, a las variaciones térmicas y a la exposición constante al viento. En la zona de la Cruz de Tejeda, las paredes rocosas de la caldera permiten observar algunos de los endemismos más amenazados de la isla.
Durante la excursión se explican los mecanismos de adaptación de las plantas de montaña y su relación con la geología del lugar. La interpretación del paisaje permite comprender cómo la altitud y la orientación influyen en la distribución de la vegetación.
La visita es especialmente recomendable al final de la primavera, cuando muchas especies florecen y el paisaje se llena de color. Se trata de un entorno de gran valor botánico y paisajístico, ideal para quienes desean profundizar en la flora exclusiva de la cumbre.